A lo largo del año, muchos lagos y lagunas ornamentales rodeados de vegetación forestal presentan un fenómeno recurrente: una fina capa de polen que cubre la superficie del agua, más espesa en los sectores donde el viento la concentra. No es exclusivo de una especie: se repite, con distinta intensidad y en distinta época del año, en lagos rodeados de casuarinas, de cipreses o tuyas (familia Cupressaceae), y de pinos (familia Pinaceae).

Tres especies, un mismo mecanismo

Casuarinas, cipreses/tuyas y pinos comparten el rasgo biológico que explica el fenómeno: los tres dependen exclusivamente del viento para trasladar el polen desde las flores o conos masculinos hasta los femeninos, sin intervención de insectos (polinización anemófila). Para que ese mecanismo funcione, cada especie libera cantidades muy grandes de polen liviano, lo que también lo hace fácilmente transportable hasta la superficie de un lago cercano.

Hay diferencias botánicas relevantes entre ellas. La casuarina es una especie dioica (árboles machos y hembras separados) de follaje perenne, con flores masculinas agrupadas en pequeñas espigas. Las cupresáceas (cipreses, tuyas, arizónicas) son monoicas y producen un grano de polen pequeño (19 a 38 micras), sin sacos aeríferos, en cantidades enormes. Los pinos también son monoicos, con conos masculinos agrupados en la base de las ramas jóvenes; su grano de polen es de mayor tamaño y posee dos sacos aeríferos que le dan una flotabilidad excepcional, tanto en el aire como en el agua.

Cuándo ocurre cada fenómeno

La diferencia más práctica entre las tres especies es la época del año en que liberan su polen en la región del AMBA. La casuarina lo hace en otoño (marzo a mayo, con un pico de 20 a 25 días); las cupresáceas en pleno invierno (julio-agosto), coincidiendo con uno de los períodos de mayor carga polínica alergénica del año; y los pinos en primavera (septiembre a noviembre), generando la clásica "lluvia amarilla" sobre autos, piletas y espejos de agua. Entre las tres, cubren gran parte del año con distintos episodios de polen visible sobre el agua.

Por qué se observa como una capa en el agua

El mecanismo de depósito es el mismo en los tres casos: el polen liberado por el viento termina posándose sobre cualquier superficie disponible, y el agua quieta o de bajo movimiento de un lago o laguna es una de las superficies donde su presencia resulta más visible. Lo que cambia entre especies es el aspecto final de esa capa: el polen de cupresáceas, por su tamaño diminuto, forma una película muy fina pero muy extendida; el de pino, por sus sacos aeríferos, flota mejor y se acumula en capas más gruesas y de color amarillo intenso; el de casuarina se ubica en un punto intermedio.

En los tres casos, el viento concentra el polen en determinados sectores del lago, típicamente en las puntas o brazos hacia donde sopla el viento predominante, donde se acumula en capas visiblemente más gruesas que en el resto del espejo de agua. Este patrón de acumulación diferencial ayuda a distinguir el fenómeno de otras causas de coloración superficial, como una floración de algas.

Comparación entre especies

La casuarina libera su polen en otoño (marzo a mayo), durante un pico de 20 a 25 días; su grano es de tamaño mediano y alergenicidad baja a moderada, y el efecto sobre el lago es una película fina a moderada, acotada a pocas semanas.

Las cupresáceas (cipreses, tuyas, arizónicas) liberan su polen en invierno (julio-agosto); su grano es pequeño (19 a 38 micras), sin sacos aeríferos, muy abundante y alergénico, y produce una película muy fina pero extendida, con nubes visibles al mover el follaje.

Los pinos liberan su polen en primavera (septiembre a noviembre); su grano es grande y bisacado (con sacos aeríferos), muy flotante, y produce la película amarilla gruesa y muy visible conocida como "lluvia amarilla".

Efecto sobre la calidad del agua

Ninguna de las tres especies ocasiona, por sí misma, problemas graves de calidad de agua. El principal efecto en todos los casos es un incremento puntual en la cantidad de materia orgánica que ingresa al sistema durante el período de liberación, acotado en el tiempo. En otoño (casuarina) ese aporte suele verse compensado por el descenso de las temperaturas, el aumento de las lluvias y los vientos que oxigenan el agua; en invierno (cupresáceas) la baja temperatura reduce fuertemente la actividad biológica y la demanda de oxígeno; en primavera (pinos), en cambio, el aumento de la temperatura y de la luz puede acelerar la descomposición de esa materia orgánica, por lo que conviene prestar algo más de atención al lago en ese período.

Con el tiempo, estos aportes pueden contribuir a la acumulación de lodos orgánicos en el fondo, aunque en una proporción considerablemente menor a la de otras fuentes habituales como las hojas de árboles caducos o el césped cortado arrastrado al agua durante el mantenimiento del entorno.

Manejo del problema

Al tratarse de fenómenos naturales, estacionales y de impacto acotado, ninguno de los tres requiere una intervención de emergencia. Sí conviene anticiparlos y acompañarlos con un manejo activo del lago durante cada período: reforzar la dosificación semanal de microorganismos benéficos durante las semanas de mayor liberación de polen de cada especie, para favorecer la digestión de la materia orgánica adicional y el retiro de nutrientes de la columna de agua; monitorear parámetros básicos de calidad de agua (transparencia, oxígeno disuelto, nutrientes) durante y después de cada pico, con particular atención al episodio de primavera (pinos), por coincidir con temperaturas más altas; y registrar año a año la fecha de inicio, duración e intensidad de cada episodio en cada proyecto, lo que permite anticipar mejor el manejo en temporadas futuras y diferenciar estos eventos de otros problemas de calidad de agua, como una proliferación de algas.

Conclusión

Casuarinas, cipreses/tuyas y pinos producen, cada uno en su propia época del año, el mismo tipo de fenómeno sobre un lago o laguna ornamental: una capa de polen sobre la superficie del agua, resultado de su estrategia de polinización por viento. Son episodios estacionales esperables y recurrentes, ligados a la biología reproductiva de cada especie y no a un desequilibrio del ecosistema acuático. Con un manejo preventivo simple, principalmente el refuerzo de microorganismos benéficos durante cada pico, el impacto sobre la calidad del agua se mantiene acotado y el lago recupera su condición habitual una vez finalizado cada período de liberación.